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jueves, 8 de febrero de 2.007  

El asesino es el mayordomo

MayordomoCada año, el segundo fin de semana de Marzo y coincidiendo con el viaje de Lord y Lady Blackberry a su mansión de la campiña inglesa, Wilson, su mayordomo, se reúne con otros 6 colegas y, durante dos días, visten batines de seda, fuman en pipa y beben en las copas que acostumbran a servir el resto del año. Incluso se atreven a descuidar sus pulcras patillas.

Los siete se han conocido a lo largo de sus más o menos dilatadas carreras, al servicio de diferentes señores en los destinos más dispares.

Este grupo selecto se ha ido formando a lo largo de años y se conceden estos días de asueto en los que recuerdan anécdotas, reniegan de las nuevas generaciones e incluso han llegado a plantearse la posibilidad de dictar unas normas que orienten a futuros mayordomos en el desempeño de sus labores.

Tan sólo una mujer del servicio permanece en la mansión ese fin de semana al servicio del grupo de los 7, para preparar las comidas; por lo demás, la reunión es exclusiva y queda totalmente reservado el derecho de admisión.

Wilson es ya perro viejo entre el servicio británico. Tras trabajar para los Parkinson durante 2 décadas pasó al servicio de los Blackberry cuando el joven Sir John era diplomático en la India. Desde entonces ha acompañado a la familia en sus diferentes destinos hasta asentarse definitivamente entre la más alta aristocracia londinense. A sus 62 años, y a pesar de la edad, es reconocido por su diligencia. Toda una eminencia entre los colegas de su gremio.

Pierre nació en una pequeña comarca de la Bretaña francesa, pero desde joven se instaló en Inglaterra sirviendo en un principio como cocinero para distintos restaurantes de la capital. Posteriormente fue contratado para trabajar al servicio de un excéntrico nuevo rico que había heredado la fortuna de un antepasado que había hecho negocios en América. Pasó por diversas familias ampliando finalmente sus funciones a las de mayordomo y supervisor de cocina.

viernes, 9 de febrero > | Mostoman | Los primeros en acudir eran siempre Wilson y Pierre. Wilson por obvias razones. Como anfitrión de las reuniones, una vez que se aseguraba de que todo estaba dispuesto para el viaje de Lord y Lady Blackberry - con quienes se reuniría tras el fin de semana para pasar la primavera en la mansión de Northeast Southwestfields-, colgaba su frac, se ponía cómodo y se encargaba de preparar el encuentro.

Las condiciones para el uso de la casa no eran muchas. Era una casa grande y sus dueños tenían una gran confianza depositada en Wilson. Podía disponer de la cocina, cualquier cosa que hubiera en la despensa, cualquier licor o vino de la bodega y cualquiera de las numerosas habitaciones salvo, por razones de higiene, el dormitorio principal de Lord y Lady Blackberry.

Habiendo habitaciones de invitados de sobra esto no suponía ningún problema. Incluso Wilson podía permitirse el lujo en estas ocasiones de abandonar la habitación destinada al personal de servicio que ocupaba habitualmente y dormir en un cómodo colchón de plumas. No es que las condiciones en que vivía el servicio fueran incómodas, pero se entiende que siempre ha habido clases.

Beatrice, la doncella que se quedaba a cargo de la casa ese fin de semana, apenas tenía que encargarse de ordenar las habitaciones de los invitados por la mañana y preparar y servir el desayuno. El resto del día también lo tenía libre para lo que quisiera. Beatrice era una joven de unos 25 años que entró al servicio de los Blackberry desde que tuvo fuerzas suficientes para mover una escoba con suficiente destreza. Criada entre las faldas del ama de llaves había recibido una distinguida educación propia de la familia a la que servía. Wilson la tenía bajo su protección desde que la presentó como la hija de una conocida que no podía hacerse cargo de ella. Pronto todos depositaron su confianza en ella y ella se hizo digna merecedora de tal trato convirtiéndose en una más de la familia.

Pierre era siempre el siguiente en hacer acto de presencia, puesto que vivía relativamente cerca de Wilson. Además, aunque la idea era no ejercer como personal de servicio durante dos días, la norma se rompía en su caso pues, voluntariamente, se encargaba de preparar las comidas y las cenas para la ocasión. Le gustaba manejarse entre los fogones, crear nuevas recetas y deleitar a sus amigos con sus más sabrosas y aplaudidas creaciones, así que, llegada la fecha, se presentaba con los ingredientes y los condimentos en numerosas bolsas, su uniforme, su cuchara y su tenedor de madera en un lujoso maletín que le otorgó la Sociedad Británica de Chefs en cierta ocasión por sus aportaciones al arte culinario.

En sus propias palabras, Pierre afirmaba que era "capaz de cocinar recetas que hicieran resucitar al muerto más muerto... y hacer morir al vivo más vivo".

Puntual como cada año, cuando Wilson consultaba su reloj del bolsillo a las 20:58 minutos, sonó la campana de la puerta principal. Flemático por condición y lento por su edad, se dirigió a la puerta y abrió sabiendo perfectamente qué encontraría al otro lado.

Por primera vez en el año podían ambos permitirse el lujo de romper el protocolo y se fundieron en un sonoro abrazo.

"¡Wilson! Viejo amigo... ¿he crecido o es que cada día estás más encorvado?"

"Maldito gabacho - contestó Wilson - tú en cambio cada año estás más gordo... veo que sigues cocinándote a escondidas de las indicaciones de tu doctor".

"Bueno, ya sabes... si no es con el buche lleno, no merece la pena morir, o al menos eso pienso yo".

Wilson ayudó a Pierre a trasladar a la cocina todas sus bolsas. Dejaron la maleta en una pequeña sala y le acompañó al salón de la chimenea donde el fuego crepitaba.

"Supongo que no habrás cambiado de costumbres y querrás un trago de tu vino favorito, ¿no?".

"¡Qué bien me conoces, bribón! Pero sólo si me acompañas con un cognac".

Se sentaron en sendos butacones junto a la chimenea. Wilson encendió una pipa y se pusieron a hablar de trivialidades. Wilson echaba lentamente el humo de la pipa mientras Pierre jugueteaba con los rizos de su grueso mostacho. En un momento dado ambos se callaron, se miraron y estallaron en una sonora carcajada:

"¿Qué sería de los tópicos sin gente como nosotros, verdad Pierre?"

13:52 | Mostoman |

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