"COLAPSO AÉREO ENTRE MADRID Y BARCELONA DEBIDO AL TEMPORAL"
El titular del periódico no podía ser más expresivo, aunque más que una noticia de lo sucedido ayer tarde, podría ser una premonición de lo que seguiría pasando en días sucesivos.
Pablo leía los titulares de los diarios que se exponían en el kiosco del aeropuerto del Prat a la espera de que llamasen a los pasajeros de su vuelo. Apenas había pasado día y medio en Barcelona por cuestiones de trabajo, y no había disfrutado de la ciudad, pero todo el tiempo libre que estaba teniendo de más lo estaba pasando en el aeropuerto.
En estos días en que el stress dirige la vida de todos y cada uno de nosotros, Pablo había encontrado accidentalmente un motivo para descansar. Sentado junto al mostrador de Iberia, tomando una coca cola, y leyendo un periódico. ¿Cuánto hacía que Pablo no se sentaba a leer un periódico? Quizás nunca lo hubiera hecho realmente, apenas los hojeaba, se fijaba en los titulares, ignoraba las secciones de Deportes, Economía y Política (en este orden de ignorancia), se centraba quizás en las noticias breves, la sección de cotilleos y espectáculos y poco más.
"Un francotirador causa el pánico en Washington". Estas cosas sólo suceden en Estados Unidos. La gente de aquí no se entretiene subiéndose a un edificio armado hasta los dientes para liarse a tiros contra el respetable.
Entre noticia y noticia Pablo tenía tiempo para pensar, eso que no hacemos a lo largo de un día normal. En el trabajo nos lo impiden los papeles, teléfonos, faxes, jefes, compañeros y hasta los e-mails con chistes que te mandan los amigos. En casa siempre hay algo que hacer. Con lo fácil que sería pensar mientras, por ejemplo, planchamos, fregamos, limpiamos la casa, o incluso, mientras nos relajamos dándonos un baño. Pero en todos esos momentos buscamos la compañía de la televisión, una radio o, incluso dándonos un baño relajante pensamos en el baño relajante, en sí es suficientemente relajante, si hemos alcanzado el nivel de relajación que necesitamos para relajarnos, en vez de pensar en cosas que nos relajen realmente.
Quizás no parezca el lugar más apropiado, pero, en medio del puente aéreo, Pablo había encontrado el lugar perfecto para estar con alguien con quien no pasaba demasiado tiempo. Consigo mismo. 24 horas al día de las que no era capaz de dedicarse ni unos minutos.
Tampoco hacía falta hacer un ejercicio de filosofía, de autoinmersión en la propia persona. Era una necesidad satisfecha de comodidad en la soledad y soledad en la multitud. Estar a gusto consigo mismo. Pablo era capaz en esos momentos de mirar a su alrededor y reírse de los personajes que veía en torno a sí mismo. Esa extraña fauna que circulaba a su lado. Un circo donde, bien mirado, sólo había sitio para la risa, y Pablo podía mirar así y esbozar una sonrisa traviesa al descubrir lo que es capaz de idear a veces....
sábado, 22 de febrero > | Celta | ...como aquella señoritinga que se miraba y remiraba en un espejito de mano,colocándose el pelo,retocándose el maquillaje y escrutando por el rabillo del ojo quién la miraba...; la viejita que corría arrastrada por su caniche con lacito incorporado, o aquella chica que escribía a su lado algo en un cuadernito. No pudo evitar la tentación de leerlo por encima de su hombro: "Llovía fuera, al otro lado de la ventana. Llovía lentamente y sin pausa, pero esto era algo que no le llamaba la atención. Desde hacía muchos años llovía de esta misma forma en su interior; mansamente, cubriéndola con un velo gris, permanentemente mojada, inundándola con el olor rancio que deja la humedad envejecida. Mantenía el pulgar sobre la tecla 'borrar' de su móvil, paralizado, sin atreverse a contestar a la pregunta en la pantalla '¿borrar David?', deseando que al borrarle de su agenda desapareciera también de su memoria... si fuera tan fácil... borrar todos esos años compartidos, borrar la ilusión, las preocupaciones, el esfuerzo por sacar sus planes adelante juntos, los malos momentos; borrar los años vacíos desde que él se fue, y todas las preguntas "por qué". Borrar toda una vida...".
A Pablo le picó la curiosidad. ¿Sería escritora? ¿Escribía sus sentimientos para desahogarse?. Pero no pudo verle la cara, tapada por su pelo al inclinarse sobre el cuaderno. Unas manos delgadas y blancas...
viernes, 7 de marzo > | Mostoman |
- Disculpe... disculpe.
Una voz y unos dedos clavándose repetidamente en el hombro de Pablo interrumpieron sus pensamientos.
- Perdone señor, ¿me podría decir dónde ha conseguido esa Coca Cola?
Pablo reaccionó finalmente. Era la anciana del caniche y el lacito quien se había dirigido a él. Una anciana de corta estatura, rellenita y cabello color lila. Pablo siempre se preguntó por qué entre tantas mujeres de cierta edad se llevaba ese tinte.
- ¿Perdón? - Contestó Pablo todavía inmerso en las anotaciones de la joven que se sentaba a su lado.
- La Coca Cola - añadió la anciana - ¿dónde la ha conseguido?
- ¡Ah!, sí, la Coca Cola. Si se dirige al puesto donde le han informado del retraso en el vuelo y lo solicita le darán un vale para un refresco en la cafetería, ahí, justo al lado del kiosko.
- Muy amable - contestó la anciana mientras miraba a Pablo de arriba abajo -. Vamos Susi, que te voy a dar algo para que comas, cariño - dijo dirigiéndose a su perrita mientras le colocaba el lazo y le daba besitos en el hocico al tiempo que le hablaba-. Que no pase hambre ni sed mi Susi, que es la cosa más bonita que hay...
Cuando Pablo miró de nuevo a la joven de su lado ya no estaba. Pablo miró a su alrededor buscándola, pero había desaparecido sin hacer un solo ruido. En su rastreo buscándola tan sólo se cruzó con la viejita que corría mientras su caniche, Susi, tiraba de ella. Jamás sabría si la protagonista de aquel párrafo decidió dar respuesta afirmativa a la pregunta '¿Borrar David?' que le hacía su móvil. ¿Qué haría que lloviera en su vida?, o ¿qué hubo exactamente entre ese tal David y ella para que terminase de aquella forma? ¿Sería algo autobiográfico, o habría compartido asiento con una escritora sin él saberlo? Pablo apenas leía, con lo cual podría sentarse junto a él toda la Real Academia de la Lengua y tendría problemas para reconocer a uno sólo de sus miembros.
Era divertido ejercitar la imaginación en esa situación. Pablo apenas había leído un par de noticias del diario. Tampoco esperaba encontrarse nada diferente de lo que se dijo el día anterior, ni de lo que podría leer al día siguiente. En algún país lejano una guerra creando víctimas que ignoran por qué son ellos los que pagan con su vida por algo que desconocen. En algún rancho estadounidense habrá nacido una oveja con dos cabezas y su dueño posará orgulloso y sonriente junto al extraño ejemplar. Mientras tanto algún artista gana la demanda contra un periódico que publicó algún detalle escabroso sobre su vida privada. ¡La cantidad de, entre comillas, "artistas" que realmente viven de eso! La verdad es que en su terreno son auténticos artistas. En primera página encontró Pablo una noticia que, a decir verdad, no le sorprendió. Tres famosos entrarían en un hotel para un concurso televisivo en una cadena cuyo nivel intelectual dejaba bastante que desear. El programa en cuestión era algo así como un refrito de dos programas igual de malos emitidos previamente. La verdad es que la televisión dejaba bastante que desear en general, y Pablo apenas tenía unos minutos al día para verla mientras ordenaba alguna cosa en casa.
Unas sonoras carcajadas le despistaron de la prensa por un momento. Frente a él se sentaba una joven de pelo rizado que leía un libro y reía entre párrafo y párrafo. A veces miraba a su alrededor para ver si sus carcajadas eran tan sonoras y alguien la miraba, y entonces pasaba a otra página y seguía leyendo tratando de contener su risa. Pablo trató de leer el título de aquel libro, pero era muy largo. Algo así como "...las aventuras del ... hidalgo Don Crispín Talamona...". No se apreciaba con claridad, aunque el libro se adivinaba divertido a juzgar por lo curioso del título y por las carcajadas de la lectora. Seguía leyendo la joven y seguía riéndose mientras Pablo hojeaba el diario en busca de algo interesante. "El Hospital La Paz sustituye la aorta torácica por primera vez en el mundo". Por fin una noticia de cierto interés, aunque Pablo ignoraba la relevancia de la sustitución de la aorta torácica o los impedimentos que había habido hasta entonces para llevarla a cabo. Junto a la foto, un hombre de avanzada edad, tez oscura y cierta expresión de satisfacción y tranquilidad miraba a la cámara y levantaba el pulgar de su mano derecha contento por su recuperación.
- Holaaa, chu!
La chica del libro contestó a la llamada en su móvil.
- Estaba leyendo el libro que me regalaste, churrito, y me estoy riendo mucho, de verdad.
No hacía falta pensar mucho para adivinar que al otro lado de... de las ondas, se encontraba su novio o, al menos, alguien a quien apreciaba bastante. Pablo pensaba en las formas tan curiosas en que la gente se refiere a sus parejas, novios, novias, esposos, esposas y animales de compañía en general. Al fin y al cabo, y generalizando mucho, la misión de todos ellos es, en parte, la de servir de compañía y dar calor en invierno... generalizando muy mucho.
- Pues aquí sigo, en el aeropuerto. Aun no han dicho nada de cuándo podremos salir y por lo que parece el temporal no tiene pinta de remitir en las próximas horas. ¿Y tú? ¿Qué tal por la ofi? ¿Tienes mosca hoy? Tú no te dejes molestar, ¿eh churri?
Era una chica joven aunque no era fácil adivinar su edad, pero rondaría los treinta. Con el rostro alargado, las manos delgadas y los dedos finos. Vestía de forma elegante, con un largo abrigo color crema y un pañuelo azul en el cuello.