Navegando por la red descubrí hace un par de días un artículo que provocó en mí ese tipo de desesperación que sólo transmite el hastío de lo asumido como caida libre que no espera final. Ni siquiera me provocó sorpresa, cuando hubiera sido lo más razonable. Pero es que creo que ya no me queda mucho de eso.
Lo más probable es que estuviera condicionado por mi visita esa misma mañana a un banco en el que mis padres me abrieron una cuenta en 1.976. De repente, por cambiar de sucursal, me he encontrado con una comisión variable en función del saldo medio que mantenga en la cuenta. Otro abuso más del apasionante mundo bancario, que mantiene beneficios escandalosos todos los años, que reduce plantilla a base de obligarte a hacértelo todo tú mismo y que abre sólo por las mañanas. Hoy me he enterado de que España es el país de Europa donde más han subido las comisiones de los bancos. Qué bien, para lo malo, siempre los primeros. Dentro de poco nos cobrarán por sacar nuestro dinero. En resumen, otra coerción más de mi libertad, una de tantas, con la connivencia constante del poder, del mercado, de los que nos manejan a su antojo.
Al final, todo acaba por parecerte igual: contratos vergonzosos que no se respetan con empresas de telefonía, obligaciones de permanencia, servicios de indignante desatención al cliente, recovecos legales, cánones en la cultura basados únicamente en la presunción de delitos... y así todo. Todo nuestro sistema se fundamenta en estos pilares de convivencia, libertad y democracia.
No teníamos suficiente. Como Joaquín Mª Aguirre denuncia en este artículo:
No tenían bastante con implantar la presunción de culpabilidad en fotocopias, CD, cintas de vídeo, etc.; no, no era suficiente. No tenían bastante con intentar prolongar el paso al dominio público de la obras. Ahora arremeten contra una institución milenaria y clave en el desarrollo cultural: las bibliotecas. Ya no son centros de cultura, no. Son nidos de delincuentes que cometen el imperdonable delito de leer los libros que no pueden comprar porque se han disparado los precios (sí, aquellos precios que no iban a subir con la llegada del IVA ni con la entrada del euro).
En fin, mejor que lo leáis íntegro. Es increible que estemos pagando impuestos para esto. ¿Es este el Estado del Bienestar? En ese caso... ¿de quién?
El otro día leí en algún sitio que somos el país que más tiempo nos quedamos después del trabajo y con un horario más largo, o podríamos decir que peor planificado. En la mayoría del resto de Europa los trabajos tienen un horario más "humano", cosa que repercute a la hora de hacer una vida familiar y social tras salir de una jornada de trabajo. Es cuestión de reflexionar…
Entre que uno sale de casa y va al trabajo consumimos un tiempo considerable, y más si trabajamos fuera de la gran ciudad, en cuyo caso el tiempo se agranda aún más. ¿Y que decir de la vuelta a casa? Uno llega con tiempo de sentarse a cenar, ver un poco la tele y dormir para volver a empezar al día siguiente con la odisea del desplazamiento. Sinceramente, si nos ponemos a pensarlo, parecemos autómatas, no tenemos vida, no disfrutamos de tiempo libre…
Las empresas no piensan en eso, la filosofía es cuanto más tiempo estés en el trabajo, cuanto más tarde salgas, cuantas más horas extras hagas, mejor trabajador eres. Y digo yo, si uno se queda más tiempo después de su horario, ¿no será que no es productivo en sus horas?
Si sumamos todo el tiempo que estamos fuera de casa y no especialmente divirtiéndonos, pasamos media vida en los trayectos de desplazamiento de casa al trabajo y del trabajo a casa, eso aparte de la hora de entrada y la hora de salida que cada uno tenga; afortunados son los que tienen el trabajo cerca de casa y un horario "humano", de esa manera puedes disfrutar de un tiempo extra al terminar un día de trabajo y dedicarlo cualquier cosa que te ayude a desconectar un poco de la rutina. Yo daría lo que fuera por una jornada de trabajo continua y vivir un poco más.
Hay que trabajar para vivir, no vivir para trabajar…
Llevamos varios días informados puntualmente en todos los telediarios de la evolución de Terri Schiavo, esa mujer norteamericana que permanece en estado vegetativo desde hace 15 años por un daño cerebral irreversible. Cada día se nos cuenta algo nuevo en relación con su conexión o desconexión a los sistemas que la mantienen con vida artificialmente, la estrambótica irrupción de Bush y su cohorte de ultraconservadores en el asunto, el debate generado al respecto, etc.
¿Por qué se trata este tema a diario, hasta el hastío, en todos nuestros medios de comunicación? A nosotros, españoles de a pie, ¿qué narices nos importa el asunto para que sea tratado con tan desmedida relevancia mediática?
Si esta mujer fuera, pongo por caso, brasileña, como decía el otro día Javier Nart en un programa de radio, su caso no tendría ni un décimo de repercusión mediática comparado con el de esta señora. Entonces, ¿qué ocurre para que nos veamos asolados de esta manera por un caso completamente ajeno a nosotros? Ocurre que hablamos de algo que es noticia en EEUU, y parece que lo que es noticia allí tiene que serlo en el resto del mundo por narices. Cosas del Imperio. Lo lamentable es que nuestros medios de comunicación no duden en darle divulgación masiva, con todo lujo de detalles. ¿No hay cosas más importantes de las que informar, o sólo es una parte más del programa de narcotización constante al que estamos sometidos?
Como también decía Nart, es un caso parecido al de O. J. Simpson y su juicio. Aquí nadie conocía a ese tipo, y menos aún estaba familiarizado con el deporte que practicaba, el béisbol, y sin embargo ocurrió lo mismo. Nos estuvimos tragando su juicio completo durante días. ¿Razón? Seguramente la misma.
¿Es que no tenemos bastante con el papa entrando y saliendo todos los días por la maldita ventana?
Creo que uno de los mayores errores que se pueden cometer desde los organismos oficiales de la UE es la adopción de modelos estadounidenses demostradamente ineficaces para la gestión de asuntos de primera importancia a este lado del Atlántico. Sin embargo, y por desgracia, esto está ocurriendo silenciosa y sistemáticamente.
Un ejemplo de esta tendencia es el que recoge Joan Lloret Muñoz en su artículo de Café Babel de la semana pasada, en el que analiza el alucinante tema de las patentes de software.
Digo que me parece un error por varios motivos. Entre ellos está el hecho de que el modelo norteamericano es, en numerosos aspectos, un modelo plagado de lagunas. Algunos señalan abiertamente que es un modelo en declive. Lo increíble es que esta ineficacia se importe en Europa cuando se es plenamente consiente del error que supone llevarlas a la práctica. Me parece de una soberana incompetencia que los organismos europeos adopten normativas impuestas por EEUU sólo por motivos económicos y coercitivos. Nosotros no les pagamos para que se dejen sobornar de esa manera, ni para que actúen como perritos falderos del poderío económico estadounidense. Nuestra idiosincrasia es muy diferente a la norteamericana. En vez de potenciarla y hacerla crecer, copiamos sus errores. Como dice Joan en su artículo:
"Después de haber quedado claro el gran descontento español con las instituciones europeas en el pasado referéndum constitucional con una abstención del 58%, la Unión Europea no escarmienta. Vuelve a dar muestras de alejamiento respecto de sus ciudadanos, abogando por favorecer a las grandes compañías en su lucha por las patentes de software, y desoyendo el clamor general que se ha alzado en contra de esta medida a lo largo y ancho de la UE.
(...) En un mundo globalizado, en el que las grandes compañías manejan los hilos de la economía y de la política mundial, la Unión Europea se tiene que mantener firme y no aprobar, a espaldas de sus ciudadanos, medidas que van en su contra. Si lo que se quiere es que los ciudadanos de los 25 confíen en las instituciones europeas y se arraigue un sentimiento europeísta, los lobbies europeos que toman estas decisiones tendrán que andarse con mucho cuidado. Muy fácil sería sospechar de sus buenas intenciones teniendo sobre sus cabezas a las grandes multinacionales del sector".
Como nuestro sistema judicial es tan rápido y eficaz, y tiene pocas chorradas de las ocuparse ya (entre ellas las cada vez más habituales denuncias por injurias y atentados al "honor" entre famosillos), sólo nos faltaba importar estulticia ajena.
Podéis leer el artículo completo aquí. Os lo
recomiendo.
Desgraciadamente, cada vez parecen más cercanos por estos lares los ejemplos estadounidenses de proceso judicial del tipo: Melanie Ann Funderburke, de Louisiana, se rompió una uña al abrir su hamburguesa McGato y denunció por ello a la cadena de restaurantes X, que acabó siendo obligada a pagar 200 millones de dólares por los efectos de permanente desorden mental que supuso este traumático acontecimiento en la débil personalidad de Melanie Ann.
Según ha denunciado la organización ecologista WWF/Adena con motivo de la celebración del Día Forestal Mundial, el 16% de la madera que importa España y el 3,2% de la pasta de papel para productos derivados procede de países donde se tala ilegalmente. Este mercado, que equivale en España a unos 620 millones de euros al año, supone mundialmente pérdidas para los países productores de hasta 15.000 millones de euros.
¿Cambiará en algo esto? ¿Tomará nota nuestra ministra de medio ambiente del asunto? Eso espero. Para cosas como estas, entre otras, se supone que está.
Acepto de antemano que lo de hablar de fútbol queda más simple que hablar del tiempo habiendo lo que hay por el mundo. Pero ante la sensación de que el planeta no hay quién lo arregle, me parece un perfecto desengrasante. Dicho esto, y tras justificarme, debo decir que hablar de fútbol con alguien que sabe lo que dice me parece la mejor forma de acabar con unas cervezas bien fresquitas.
Cuando el fútbol es bueno se disfruta, cuando es malo se discute. Por tanto, hay que hablar del Madrid. Lo del Madrid es muy complejo y simple a la vez, y ante el miedo de extenderme en una disertación infinita, creo que se puede personalizar todo en Raúl.
Desde la llegada de Florentino Pérez, el equipo se ha ido deshaciendo de jugadores con vocación de jugar para el grupo, véanse Fernando Redondo, Hierro, Cambiasso, Morientes, Makelele... Como contrapunto, ha fichado jugadores habilidosos que se aprovechan del trabajo de equipo, y de los cuales el equipo obtiene espacios y gestos técnicos que habilitan oportunidades; en fin, lo que viene siendo el fútbol. En un delirium galáctico, se han traído tantos que ya no hay sitio para el grupo que debería trabajar, y se les pide que sean los mejores en aquello que no supieron hacer nunca, y que lo hagan en el ambiente más competitivo.
Regresando a Raúl, este delantero que nunca tuvo gran alarde técnico, pero de permanente desmarque e infinito mostrarse para aprovechar el trabajo del grupo, se encuentra con que ahora todos quieren acabar jugada cuando llegan cerca del área, y ya no le buscan; se le aparta además de un delantero con el que compartía el balón (Morientes) y se le pone otro que no lo suelta jamás, por muy lejos que esté de la portería (Ronaldo). Y se muestra, y se desmarca y pelea, y cuando consigue la pelota no es una posición de remate, e intenta tirar de la técnica que nunca tuvo, y sale mal, y baja la confianza, y cuando llegan oportunidades buenas se fallan por falta de aquella o exceso de ganas.
A todo esto se añade la edad, el cansancio, desidia, falta de competidores por los puestos, y muchas cosas más que seguramente vienen del mismo sitio. El delirio de Florentino ha matado a Raúl, y el Madrid se ha muerto con él, porque son la misma cosa.
Aunque el mundo no tiene arreglo, los micro-mundos como el Real Madrid sufren un Génesis cada 5 años y eso es fuente de ilusión para muchos. Yo, para ver buen fútbol, juego con mi hermano en su PlayStation, ¡Qué cosas hace!
Según una noticia publicada en 20 Minutos, los grupos musicales ingleses están teniendo serias dificultades para actuar en Estados Unidos, y todo por culpa de las estrictas medidas de seguridad que existen para acceder a ese país, impuestas a raíz de los atentados del 11-S. Esta situación les está perjudicando notablemente. Parte del texto dice así:
"Varias bandas no han podido actuar en ese país porque las autoridades de inmigración les han denegado los visados de entrada temporal. A pesar de todo, el éxito conseguido por grupos como Coldplay o el cantante Franz Ferdinand ha hecho reaccionar al Gobierno británico, que ha preparado una ayuda de unos 40.000 euros. Servirán para financiar el viaje al festival de South by Southwest (Texas) de las nuevas promesas del pop y el rock. Pero el dinero no lo es todo y los integrantes de Block Party, Kaiser o Chief, grupos que actuarán, deberán pasar una entrevista con las autoridades para obtener el visado. El año pasado, los escoceses Dogs Die In Hot Cars no pudieron cantar porque no superaron la encuesta".
Me pregunto qué tienen que ver los conciertos de estos grupos musicales con el 11-S y con interrogatorios policiales, y por qué tiene que financiar el gobierno británico viajes a un país que pone pegas para admitir a sus músicos, pero claro, estamos hablando de "perrito faldero" Blair.
Yo optaría por privar a los norteamericanos de la presencia de músicos británicos en su territorio, a ver qué tal les va, y a ver qué tal le sienta a los aficionados de por allí. Quizá así serían conscientes de en manos de quién están. De hecho, esto debería haber comenzado a hacerse hace años. De esta manera nunca hubieran visto en Norteamérica a los Beatles, los Rolling Stones, Queen, Dire Straits, The Who, Led Zeppelin, U2, Deep Purple y un larguísimo etcétera, o sea, a lo más selecto de la música mundial en las últimas décadas.
Llevo ya unos cuantos años fuera del útero, y nunca había visto tanta censura y control como hay ahora. Debe de ser lo que llaman civilización, libertad infinita, democracia... o lo que sea, depende del día.
11-M. Ataque terrorista a trenes. Casi 200 muertos. Debate sobre la autoría: terrorismo vasco, islamismo... Todos con las víctimas. Todos con vocación de ayuda.
Comisión. Trastos a la cabeza. Insultos y política. Las víctimas quedan a un lado. Manipulación. Hienas sedientas de sangre. Intereses partidistas. El partido es lo primero. Lección de la representante de las víctimas en su intervención. Todos hacen propósito de enmienda. Sólo un día después ya están culpándose unos a otros de nuevo. Y así hasta ahora.
Carmelo. Hogares que se hunden horadados sin contemplaciones. Desgracias personales. Hogares destrozados. Gente que vaga por las calles arrastrando maletas y recuerdos, lo poco que han podido salvar. Negligencia absoluta. Comisiones para ti, comisiones para mí. La gente no importa. Impunidad. Culpas. Constructoras a ingenieros, ingenieros a constructoras, unos partidos a otros.
Súbita vocación por aclarar lo ocurrido y depurar responsabilidades. Debates televisados. Crisis en el Parlamento catalán. Más comisiones. Insultos cruzados, acusaciones. Nadie es culpable. Nadie sabía nada. Y nadie se acuerda de la gente, que sigue en la calle, vagando sin rumbo. Sombras, estadísticas. El debate es transferido al teatro político del absurdo, a la retórica vacía. El pueblo es olvidado.
Medidas inmediatas, nueva vocación súbita. Vehemente servicio. Hipócritas. Revisión de todos los edificios de más de 10 plantas. Depuración de responsabilidades. Todo, por supuesto, a posteriori, pero muy sentido y prioritario. Es una cuestión seria.
La escena política se fundamenta en trifulcas de patio de recreo en las que nadie se responsabiliza de nada. Amiguismos, favores, poder. Mentiras, más mentiras, tergiversación permanente. Demagogia para borregos. Y no pasa nada. Todo está permitido, nada penalizado. Nadie dimite. Nadie se disculpa. Nadie lamenta un error. Todo se normaliza. El tiempo recupera el olvido. Nadie construye nada, nada se soluciona.
¿Es esta la clase política que nos merecemos, completamente ajena al pueblo que la legitima? Lamentablemente, la respuesta es, sin duda alguna, que sí.
Según una noticia que recogían el pasado día 25 varios medios, entre ellos ABC y La Vanguardia:
Carlos Hernández Pezzi, presidente del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos, se refirió el mercado de la vivienda de nuestro país con términos como "despilfarro", "exclusión social", "parque de viviendas sobredimensionado y de baja calidad", entre otros, para calificar el mercado de la vivienda de nuestro país y describir los altos riesgos económicos y desequilibrios sociales que pueden derivarse de la actual "burbuja inmobiliaria". Hernández Pezzi calificó de insostenible el número de viviendas que se construyen (757.680 en 2004), pues triplica al que se necesita mientras que su encarecimiento (17,4% el pasado año) está inflacionado varias veces.
"Se está despilfarrando en construir para una demanda inexistente sólo porque los tipos de interés lo permiten", aseguró. También añadió que "España está derribando plusmarcas mundiales". (...) Para Hernández Pezzi es fundamental la modificación del sistema de financiación de los Ayuntamientos, para evitar que la venta de suelo siga siendo su principal fuente de ingresos, y el fomento de un verdadero mercado de alquiler y de viviendas de protección oficial. Según el informe de coyuntura del mercado de la vivienda elaborado por los arquitectos, el beneficio de los promotores de viviendas libres se ha triplicado en España entre 1996 y 2004, pasando del 9,6% del coste total de la construcción al 36,3%.
Ahora un complemento perfecto para este artículo. Según se publicaba en ABC el pasado día 22:
"Irregularidades en el 53% de las promociones. Este es el panorama que se encontraron los técnicos de la Dirección General de Consumo cuando inspeccionaron 110 empresas que ofertaban vivienda nueva en once municipios madrileños durante julio de 2004. Estas irregularidades suscitaron 3.126.674 de euros en multas. En el caso de viviendas sin terminar, el 44% de los incumplimientos se referían a la falta de información sobre los plazos de entrega de los pisos. Los contratos también son fuente de problemas. Unos porque no recogen el derecho del propietario a elegir notario (16%). Otros porque carecen de una redacción clara (20%), y algunos porque ni siquiera existían (12%). Las irregularidades alcanzan incluso a los folletos publicitarios, que no siempre se ajustan a la realidad del nuevo piso. En cuanto a los precios y las formas de pago, las empresas tienden a "obviar" dos elementos fundamentales: el IVA y referencias claras a las cantidades entregadas a cuenta por el comprador, una negligencia que alcanza al 30 por ciento de las promociones".